Detrás de la Gran Vía, entre putas y cines, Y donde todavía quedaban pensiones de mala muerte, donde duermen personas de no muy buena vida.

Hombres solos. Erasmus sin suerte. Parejas que no encontraron una habitación ailleurs.

Todo esto, con un solo baño para quince, y mucho frìo por las noches, dio la bienvenida a nuestra vida de pareja. Así no me extraña, que a la primera de cambio, huyéramos con un taxi y el dinero del último mes, rumbo a la calle Embajadores. Madrid, Abril 2001.