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ignacio - 29.09.2006 | 1 réactions | #link | rss

Cendrars es viajero. Casi no hay rincón en el globo donde no haya puesto el pie. No solamente ha viajado por el mundo, sino más allá del mundo. Ha estado en la Luna, en Marte, Vega, Saturno, Plutón, Urano. Es un visionario que no desdeña los medios ordinarios de transporte, de locomoción. Habitualmente viaja de incógnito, adoptando las costumbres y la lengua de los pueblos que visita. Seguramente no lleva consigo pasaporte, ni cartas de crédito, ni de presentación. Sabe que, dondequiera que llegue, siempre es la misma confusión. No es cuestión de confianza en si mismo, ni siquiera de fe en la buena suerte: es cuestión de precisión. (...) Las fronteras existen solo para los tímidos, para los pobres y mezquinos de corazón. Cendrars nunca habla de la palabra frontera: habla de latitud y longitud.

Tiene amigos en todas partes, aun entre los hotentotes. Y sin embargo es el más solitario de los hombres. De todos los que he conocido, es el más liberado, pero absolutamente ligado a la tierra. (...) Cendrars no acepta. No acepta nada. No dice ni "sí" ni "no". No para en dificultades. Se torna aterradoramente silencioso. Y por eso quizás sea el conversador más maravilloso que he escuchado. Henry Miller.

ignacio - 25.09.2006 | 0 réactions | #link | rss

Y en ese vaivén se pasaron toda la noche. A veces se detenían a causa de algún súbito recuerdo o porque la estabilidad dejaba bastante que desear, pero en seguida volvían ir y venir de esquina a esquina, de la casa de uno a la del otro, de una puerta a otra como traídos y llevados por un péndulo invisible queríendose sin decirlo y abrazándose sin tocarse.

Galeano, El libro de los Abrazos.

ignacio - 25.09.2006 | 1 réactions | #link | rss
ignacio - 25.09.2006 | 0 réactions | #link | rss

"Il fut réveillé une troisième fois par une présence féminine à ses côtés et se dressa d'un bond, le coeur affolé: mais ce n'était que la nuit africaine, avec son allure de femme voilée" Romain Gary, Les racines du ciel. 

ignacio - 25.09.2006 | 0 réactions | #link | rss

Para llegar a Gané, hacen falta aviones, autobuses, motos, caminar unas horas. Una escuela francesa y un guía Tupuri. Haber hablado una vez con Belén, años antes en la Escuela, conocer a Marina en Barcelona para que te deje esos libros para niños, escuchar a Brice hablando de mujeres y de cerveza Bilbil. Gente y gente que te coja de la mano, que te muestren el camino en un momento dado, bien con un pequeño detalle, bien con mucho más.

Es la única manera de orientarse en el mapa. Sea el lugar que sea, gobiernen los valores que tengan que gobernar. Si la gente es buena, si durante unos instantes te llevan de la mano, el cruce de caminos termina en Gané.

Gané, Camerún, Febrero 2005.

ignacio - 20.09.2006 | 0 réactions | #link | rss
ignacio - 19.09.2006 | 0 réactions | #link | rss

Foto de Audrey Fumaneri

ignacio - 18.09.2006 | 0 réactions | #link | rss

Fue como ese tango de Arolas. Comme il faut. Ese título de bolsa de zápatos de mujer, de zapatos caros y un poco duros, como decía Regina en Montevideo. El Marne. Títulos en francés que sobrevivirían al tiempo por otras orquestas, por Di Sarli, Arolas era los anhos 20 y apenas quedan grabaciones que se salvem del ruido y del tiempo.

Tan bonita que me recuerdas a un tango de Arolas, que escuché en el cabaret Parda Flora, le dijo el Corto Maltese a Pandora. Pero la vida de Arolas había sido trágica, hijo de emigrantes franceses, escapado de Bs As a Montevideo huyendo de una amor que le había robado su propio hermano mayor. Perseguido por la mala suerte, atropella un mocoso en Uruguay  con unos de los primeros coches que atravesabam la Ciudad Vieja.

Acabó en Paris. Murió joven, tuberculoso, alcohólico, de pena. Y dejó una maleta llena de partituras, unos cuantos tangos que todavía sa bailan en todas las milongas, cuando está por acabar la noche...

para escuchar, http://www.todotango.com/spanish/biblioteca/partituras/partitura.asp?id=2383

ignacio - 14.09.2006 | 0 réactions | #link | rss

Miré el reloj y me pregunté que estarían haciendo en casa. Esas 4 horas de diferencia hacían que al final fueran mínimas las oportunidades de hablar por teléfono, por la mañana no, las mañanas ya se le hacían difíciles por otras razones, y por la tarde siempre se me pasaba el tiempo sin darme cuenta, y en Guadalajara ya estarían durmiendo, o en Soria.

Las palmeras de Montevideo a veces aguantaban los empujones del viento, esos vientos que llamaban la atención en un país tan tranquilo. Comenzaba a llover y era mejor quedarse en casa, Helena leyendo, escribir un poco más de ese rapport, no daba ni para bajar a comer un poco de pizza en el Bar de debajo de casa, en la Avenida de Brasil.

Esas tormentas parecían tropicales, como si vinieran de muy lejos al norte del Río de la Plata, y en casa sería Agosto, Agosto de verdad, y no sé podría dormir por la noche. En Soria apretaría menos el calor, pero la abuela era probable que tampoco durmiese, en una cama de hospital que nunca vi, quizás ella pensase en su nieto Ignacio al que ya no volvería a ver...

ignacio - 10.09.2006 | 0 réactions | #link | rss

Tienes a ratos la cara del exilio Ese que busca voz en tus poemas.

Mi exilio es menos duro, Le sobran las defensas, Pero cuando te llevo de la mano por una callecita de París Quisiera tanto que el paseo se acabara En una esquina de Motevideo O en mi calle Corrientes. Julio Cortazar

ignacio - 09.09.2006 | 0 réactions | #link | rss

Empecé a bailar por envidia. Me moría de envidia cuando él bailaba, cuando toda la gente le miraba. Se sentaba en su mesa, recuperaba su copa, con aquella mirada de distancia, sin fijarse en nadie.

Envidiaba el modo en que le miraban las mujeres. Envidiaba esa tranquilidad, esa seguridad sobre todo. Llegaba a un punto en que ni siquiera era imaginable una competencia con las otras parejas, las 2 o 3 que bailaban mejor que él.

Él había encontrado su camino, sus formas, su manera de escuchar la música, de abrazar un cuerpo. Para qué dudar de nada si había momentos en que la música se le metía dentro, ella y él compartían un algo que no estaba escrito en ninguna partitura.

Esa sensación, esa certeza, acababan con cualquier duda. Era eso lo que todos se quedaban observando. Con envidia.

Ignacio / Foto de Julien Baudet (www.julienbaudet.com)

ignacio - 08.09.2006 | 0 réactions | #link | rss

Era Paris. Y solo queriamos una poco de luz. Un poco de espacio donde sentirnos en casa, los apuntes y libros seguirían ocupando una buena parte del suelo, pero mientras hubiera luz, estaríamos listos para un invierno que ya llamaba a la puerta.

Pero era Paris. Y no teniamos lo que había que tener. No había contrato indefinido, ni garantía de nuestros padres en Francia, ni siquiera éramos ya oficialmente estudiantes, ni parados, no éramos aún ni todavía nada, esas agencias nunca nos darían las llaves de ninguna casa.

Era Paris. Todo estaba a nuestro favor, todas las ayudas existían para poder sobrevivir. Pero nosotros queríamos vivir, queríamos luz que entrara por la ventana e iluminara nuestra pareja. Y esa chica alemana nunca le diría a du duenha que nos reservara su casa, esa de Saint-Sulpice. Ella ya no se acordaba si le habían echado una mano, para encontrar su primera casa, allí lejos, en sus primeras semanas. Dibujo de Almada.

ignacio - 08.09.2006 | 0 réactions | #link | rss

Estos amantes de la Moncloa son los impacientes, los que buscan tregua lejana a la estrechez de la ciudad y al mironamiento de otros jardines. Todos están esperando que llegue el anochecido, y nos atardecen antes el dia con esa  ansiedad manifiesta. Fijos en el cielo rosa y luminoso, quisieran verlo obscuro, y empujal al sol hacia el horizonte.

Entre estos amantes de la Moncloa están los que parecen venir vagando desde al día anterior, los que tienen aspectos de rendidos y en los que se nota ya el reverso desesperado del amor, dormido él en portura de descanso supremo. Gómez de la Serna / Almada

 

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