Era Paris. Y solo queriamos una poco de luz. Un poco de espacio donde sentirnos en casa, los apuntes y libros seguirían ocupando una buena parte del suelo, pero mientras hubiera luz, estaríamos listos para un invierno que ya llamaba a la puerta.

Pero era Paris. Y no teniamos lo que había que tener. No había contrato indefinido, ni garantía de nuestros padres en Francia, ni siquiera éramos ya oficialmente estudiantes, ni parados, no éramos aún ni todavía nada, esas agencias nunca nos darían las llaves de ninguna casa.

Era Paris. Todo estaba a nuestro favor, todas las ayudas existían para poder sobrevivir. Pero nosotros queríamos vivir, queríamos luz que entrara por la ventana e iluminara nuestra pareja. Y esa chica alemana nunca le diría a du duenha que nos reservara su casa, esa de Saint-Sulpice. Ella ya no se acordaba si le habían echado una mano, para encontrar su primera casa, allí lejos, en sus primeras semanas. Dibujo de Almada.