Visto que no había pareja para mí en la boda de Javi, tuve el honor de me hacer acompañar toda la noche por la Señora Amparo.

La Amparo es el hilo que me ata a mi origen alcarreño, yo que soy el único de mi casa que nació en Guadalajara. Y ella es Alcarria pura, de Alhóndiga. La mujer que me crió hasta los seis años, y si no me acompañó más fue por que cayó muy mala y ya no pudo trabajar más, aunque hoy esté mejor que nadie. La Amparo, que hace decadas que es viuda, hoy tiene 85, y no me mete mucha prisa para casar por que ella lo hizo con 28. Fue sencillo, apenas siete personas en Santa María, en Guadalajara, y luego a preparar la cena para todos en la casa de los suegros, no hubo mucho más fiesta. Y si le pregunto por lunas de miel ella me dice que lunas en el campo, a trabajar, toma, cobrando doce duros por mes... La Amparo trabajó toda la vida, y será por eso que hoy camina sin ningún problema, y nunca le oí quejarse de ningún dolor de rodilla. Trabajó en muchas casas, en Madrid, en Guadalajara, en un pueblo de Teruel, y su última casa fue la de Mari, a la que había entrado una de sus hijas y en las que se acabaría quedando después de sustitírla por una vendimia, quizás em 1977. Mari prefería con mucho a la madre sustituta que a la titular.

La Amparo se mueve así, la misma peluquera desde hace 50 años, sus zapatillas azules y sus recuerdos, llevarnos en verano a tirar piedras al Henares, o esa vez que me equivoqué de autobús en la guardería, y no aparecí en la parada al lado del Ahorramás. Allí fue corriendo ella los 3 kilómetros de distancia, con Javi volando de su mano, y yo esperandola solo en la puerta, en un recuerdo oscuro de los primeros que debo tener en la cabeza (mi primer recuerdo, esperar que llagase la Amparo para me llevar con ella para casa).

Ella sigue viviendo no muy lejos de esa Guardería de una Caja que ya no existe, en unas casas de San Vicente de Paul, con gitanos que se pinchan y los nuevos barrios, asediándoles, de la zona de los Multicines. Mi abuela Amparo, como la llamé en un postal desde París que ella menciona con orgullo, el orgullo con que colgó esa foto de Javi y mía, muy pequeños, que tiene en su casa entre todos sus otros nietos. Caben muchos niños, muchos, en el pequeño salón de su casa pequeña. Cada mochuelo a su olivo, como ella diría.