Julián Marías le dedicó un ensayo a esta palabra: Breve tratado de la ilusión. La palabra procede del latín lúdere, que significa jugar; también de ilúdere: divertirse, hacer bromas, tener ocurrencias. Hay en ellas dos una intención entre jocosa y de engaño.  

 

La ilusión no es el contenido de la felicidad, pero sí su envoltorio. Tener ilusiones es vivir hacia delante, mirando hacia el porvenir y, en consecuencia, tener metas, retos, objetivos y planes por cumplir. Vivimos en el presente, sí, pero empapados de un futuro que se cuela dentro de nosotros y nos empuja a seguir hacia delante. Tener ilusiones es estar vivo y coleando. Como dice Don Quijote, "la felicidad no está en la posada, sino en medio del camino".

 

Pero en este mundo de la ilusión hay personas claras y oscuras, pequeñas y mayores:

 

Las personas pesimistas viven especialmente hacia atrás, atrapadas en un pasado negativo, sin poder librarse de él. Las personas optimistas viven en el presente, pero inmersas en un futuro inmediato y mediato, próximo y lejano. Ese porvenir es el tirón que empuja a seguir luchando por sacar lo mejor de uno mismo. Vivir es trazar una cartografía de objetivos a corto y largo plazo.

 

El niño pequeño es todo ilusión, porque es todo futuro. Cuando la realización de la ilusión es a corto plazo, aparece la impaciencia que la hace más intensa. Y eso son los niños, ilusiones a corto plazo. Los adultos, a diferencia del niño, van perdiendo ilusiones conforme se van acomodando al mundo, a medida que consideran que ya lo han visto todo.

 

Pero nos son los niños pequeños los que más ilusión me contagian. En los últimos meses entrevisté muchos viejos, algunos de ellos ingenieros agrónomos y forestales que durante 50 años habían modificado de una manera o de otra el paisaje rural portugués, lo habían intentado convertir en una tierra que diese más pan y fruta para todos. Cuanto más miradas viejas respondían a mis preguntas, más me contagiaban una ilusión que ya no podrían guardar mucho tiempo más en sus viejos corazones. A veces pienso que me dejan la responsabilidad de continuar con esa ilusión que guardan en sus ojos, sobre todo después de ver que busco sus historias y apunto con interés observaciones que nadie se había parado a escuchar en mucho tiempo.

 

Empiezo el 2008 con un corazón joven lleno de vieja ilusión. Con un proyecto de dejar escrita y publicada buena parte de esa ilusión que me van regalando entre papeles antiguos. Para el 2008 que llega solo puedo desear eso, mucha ilusión. La primera palabra del diccionario de este pequeño blog.