Mi vida empieza después de las nueve, tras una siesta y una ducha, saliendo a la calle Luchana con una bufanda y pocas certezas de con quién me encontraré. Antes, todo está desdibujado. Solo se salvan algunas sobremesas, 50 páginas al día o alguna película en versión original.

Después, la noche. Tú. No importa demasiado quién seas. Todavía. (Ahora, importan los demás). Todos. Momentos imposibles robados a la nada. Que es la vida de los demás cuando se quedan en casa después de cenar.

Molesta un poco, pero no la cambiaba, esta somnolencia que no me deja trabajar. Madrid, febrero 2003.