Sogné com Mac. Nunca había sognado com él, pêro tampoco nunca me lo había  dejado en casa, hacía ya mucho tiempo que me acompagnaba en mis viajes, ya tenía su sitio en mi maleta, en mi  mochila pequegna, que se suba conmigo en cabina no sea que luego me lo vayan a extraviar en algún aeropuerto cualquiera.
Sogné con Mac el lunes a la noche, Mac, Macaco, Mono, Moni, Mononucleosis, nombre que han cambiado y han evolucionado pero que siguen refiriéndose al quizás único trocito de infancia pura que me sigue donde quiera que vaya.
Andábamos por París, al lado del Sena, creo que estábamos con Helena y Mac se iba quedando detrás nuestro, Mac más vivo que nunca, Mac está vivo siempre, obvio, pero andaba lejos de mí a 4 metros, no necesitaba mis manos ni las de nadie, Mac nos seguía en la distancia, capaz que no quería molestar, seguía habiendo esas cosas importantes de las que teníamos que hablar, y que nunca discutíamos pues apenas una semana no daba para sacar las cosas serias encima de la mesa, apenas el tiempo para rencontranos, para ver que era lo que había cambiado, lo que seguía estando en el mismo sitio de siempre. Al rato me doy la vuelta y ya no había Mac, la últiMacma vez andaba jugando justo en la orilla de los quais y ahora ya no estaba, se había esfumado, a lo lejos no estaba, cerca tampoco, solo quedaba un lugar donde buscarle, el agua, seguro que fría muy fría, Paris en Diciembre, una sombra peluda que se sumergía una y otra vez, Mac que se ahogaba.
Me quité los zapatos, el abrigo también, pero me costó mas decidirme, aunque tardase nada me daba la sensación que metía demsiado tiempo en esa maldita zapatilla, Mac que se ahogaba, me tiro a agua, de cabeza, mal como aprendí con mis tardíos 14 agnos, me zambullí debajo de la superficie.
Al fín le encuentro, un par de metros de profundidad, le cojo en brazos y lo saco al aire, no sé si respira, me acerco a la orilla, antes de llegar noto sus patas, sus garras incluso y mira que siempre me pareció completamente blandito, se movía sobre mi cabeza que nadaba, y ya llegábamos a la orilla. Que Freud lo analice como le dé la gana. Pero el primero que venga de Guadalajara a Lisboa, que me traiga a Mac, por favor.